¿Qué diablos me pasa? - Tips para el manejo de la ira
Parte de existir en un torno social supone que
debemos afrontarnos a situaciones cotidianas que pueden ser estresantes y que
desembocan en conductas de ira racional o irracional. Todas estas conductas las
considero como causa de las situaciones a las que nos exponemos y el entorno en
el que nos criamos, es decir, desde nuestros inicios como nuevos integrantes
humanos adoptamos las conductas de quienes nos rodean. La ira puede provenir de
varias fuentes tales como entornos familiares, educacionales, laborales/profesionales
o incluso personales. Independiente de cuál de ellas genere en uno respuestas
violentas, no todos presentamos actitudes y conductas similares.
Existe una serie de pasos hasta que pueda darse
esta clase de conductas agresiva. Desde la atención a un acto novedoso, a la
retención de dicho acto, luego la reproducción para asimilar directamente las consecuencias
de estos actos y por último la motivación para repetirlo. En entornos
familiares, los padres son la principal fuente de acciones relevantes a
adoctrinar para sus niños, si no existe un control sobre actitudes negativas
como pueden ser las reacciones violentas frente al estrés entonces el infante tenderá
a asimilar que la ira es la respuesta a esta situación. Sin embargo, no es un
proceso lineal en el que todos adoptan estas conductas de la misma manera al
mismo tiempo. Por ejemplo, con mi hermano tenemos personalidades sumamente
opuestas a pesar de criarnos en el mismo entorno barrial, yo me he centrado en evadir
conflictos innecesarios a través de un trato verbal, mientras que él solventaba
sus conflictos por medio de violencia e insultos. Sin embargo, no podíamos vivir
en esta forma para siempre de modo que en nuestra familia aprendimos a no
tratar con amabilidad a quién no lo amerita porque hay entes que solo buscan
hacer daño independiente del trato, a la par que no todo conflicto tiene que
acabar en golpes. Este ejemplo se ve ensimismado en el entorno escolar en el
que los profesores son los encargados que introducir a los niños a un campo en
el que existen reglas que se obedecen a fin de conseguir méritos académicos
para cumplir con los estándares de sus asignaturas. Es frustrante a inicios
cuando uno tiene que conocer dichas reglas y aceptar que su incumplimiento caerá
en consecuencias no deseadas, pero este aprendizaje es lo que moldea nuestra
percepción de la ira para futuros campos laborales en los que uno debe
conservar una compostura más profesional.
Cuando maduramos y comprendemos el entorno social
en el que convivimos tendemos a comprender que no se trata de los estímulos que
generen estrés en nosotros sino en cómo reaccionamos a ellos. Así que, aparte
de aprender sobre lo social y lo académico también deberíamos priorizar técnicas
de relajación para aquellos momentos de impotencia que causa un problema
inesperado. Hacer ejercicio, dormir bien, alimentarse adecuadamente, practicar
un mínimo de yoga o centrarnos en algo que nos apasione es un inicio para alcanzar
una conducta tranquila y aceptable que no decaiga ante la cólera.


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