Yo y mis tabús… una mirada interna hacia mis prejuicios
A pesar de criarme en un entorno de creencias misóginas y católicas nunca imbuí en mi persona estos criterios de prejuicio. Para mí no existe decisiones correctas o incorrectas, solo decisiones que pueden tener su impacto o no frente a los demás. El hecho de encerrar a las personas según sus gustos, prácticas o creencias se me hace plano y hasta frívolo. Somos más que todo lo que adoptamos de pequeños y demostramos sin filtros, eso sí, no estoy diciendo que estoy libre de pecado frente al prejuicio.
Al crecer en Ecuador uno comprende que parte esencial del juicio ajeno es la vestimenta, forma de actuar en la calle y la religión del prójimo. Yo aprovecho los tabús que la gente ha creado en torno a las personas encapuchadas para pasear tranquilo, aunque este acto infunda pequeños sustos en quienes me rodean. Esto tampoco indica que por mezclarme con la imagen de sujeto peligroso no juzgue a otros individuos que aparenten estar en un entorno turbio según su pinta. El prejuicio es un arma de doble filo que yo ocupo para no involucrarme en situaciones de riesgo con las personas equivocadas o para no llamar la atención en mi contra. Este es uno de los pocos tabúes con los que cargo a diario, sin embargo, para el resto de prácticas me da absolutamente igual lo que hagan los demás siempre y cuando no resulte en daño hacia terceros. No doy importancia al estado socioeconómico, religión, raza, género, nacionalidad, gustos o criterios personales pues nada de esto tiene peso frente a cómo uno ejerce el trato a los demás en situaciones en las que no tenemos poder sobre los demás y viceversa.
Los prejuicios no recaen en blanco o negro, sino que son creencias de
una zona gris que nos puede ser útiles o contraproducentes dependiendo de cómo,
cuándo o dónde se practiquen.
Fuentes:
Myers, D., Martínez, J., Rosales, M. & Ayala, L. (2005). Psicología social. México: McGraw-Hill. Capítulo 9
Sotomayor, M. (2015). Neuroprocesode la enseñanza y del aprendizaje: metodología de la aplicación de la neurociencia en la educación. Lima: Alfaomega. Capítulo 8

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